Porque es un buen compañero…

La palabra compañero significa etimológicamente aquel con el que se comparte el pan. Con catorce mil cuatrocientos años de antigüedad, el pan no pierde vigencia. Recientes evidencias lo revelan. El hallazgo nos remonta al nordeste de Jordania, un rústico pan plano elaborado con el silvestre del cereal domesticado.

La proliferación del cultivo de cereal en las cuencas del Nilo impulsó la sofisticación del proceso de elaboración, al que los egipcios le agregaron levadura. Por aquel entonces, el pan era cocido sobre el fuego en unos moldes con tapa de diversos formatos, apilados piramidalmente. Tenían docenas de variedades, algunos espolvoreados con granos y otros con frutos, como el pan de higos.

Los griegos, sirviéndose del conocimiento egipcio, elevaron el pan a manjar divino. Con más de setenta recetas a base de cereales variados, como el trigo espelta y el centeno, incluyeron la miel y los frutos secos entre los ingredientes agregados. Fueron griegos los panaderos que abastecieron a partir del siglo II a.C. las filas del Imperio Romano.

El descenso en el cultivo de cereales en la más temprana Edad Media trajo duras hambrunas y fue, en los siglos finales del período, cuando surgieron los primeros gremios de artesanos, entre ellos el panadero. Con la Edad Moderna llegó el progreso de la agricultura, mejorando las técnicas de elaboración. La eficiencia productiva permitió la socialización del pan blanco, hasta entonces reservado a las clases más acaudaladas.

En la actualidad, su consumo sigue siendo uno de los hábitos alimentarios más extendidos en América, Europa, India y Oriente Medio. Tanto en mesas opulentas como humildes, el pan es un buen compañero. Su versatilidad le permite ser protagonista, complemento o ingrediente. Sus variedades y usos derivan en un recetario inagotable.

Y aunque nuestro querido pan de cada día tiene cientos de años acompañándonos, hace algún tiempo fue adquiriendo mala fama y ya no se recomienda o no se lo ve como antes. El principal motivo por el cual su fama ha decaído considerablemente es por la idea sobre sus propiedades engordantes y poco saludables.

Esta mala prensa que adquirió nuestro alimento ancestral está relacionada, como muchas otras veces hemos visto en distintas cosas, al paso a la industrialización. Sin embargo, el pan puede ser una buena fuente de carbohidratos necesarios para nuestro organismo. En ese sentido, comer pan no es el problema sino cuál elegimos. Sea cual sea el pan que elijas para acompañar tus comidas, siempre la recomendación es que optes por el de mejor calidad posible y que lo consumas fresco. También, que seas moderado con el consumo y que conozcas las propiedades del pan que decidas consumir, en vez de evitarlo por completo. Y como si esto fuera poco, lo que añadas a tu pan, no es menor: no es lo mismo untarle manteca y mermelada, que colocarle fruta. Buscar una buena panadería artesanal, probar distintas harinas y sabores y cuidarte de cuánto comés, hará que vuelvas a disfrutar de este exquisito alimento ancestral sin necesidad de temer por tu salud o tu figura.

Fuente: Convivir Press y Revista Noticias de Uruguay